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La resignación ante la enfermedad y la transición espiritual

Un hermano muy querido, que se encontraba cursando una enfermedad terminal, entró en una fase en la que la balanza de la vida parecía inclinarse hacia la desencarnación, pues las consecuencias de los tratamientos lo afectaban cada vez de manera más grave.

Al visitarlo, conversamos largamente sobre la continuidad de la vida en el mundo espiritual. Habiendo sido una persona escéptica en el pasado, al conocer a Shikry Gama y vivir múltiples experiencias que fortalecieron su fe, logró verificar la asistencia espiritual cada vez que la solicitaba para asuntos importantes.

Nos contó que, al inicio de su enfermedad, había experimentado muchos temores, y que ahora había aceptado un poco más la posibilidad de que pudiera tocarle retornar al seno del Padre, aunque en realidad aún se resistía a esa idea. Me preguntaba cómo podría llegar a tener resignación.

Esto me llevó a revisar qué decía la doctrina acerca de la resignación.

La definición del DRAE como “conformidad con las adversidades” la encontramos desarrollada con mayor profundidad en la descripción que hace Shikry Gama en la lucidación dedicada a este tema.

La conformidad es ampliamente tratada en la doctrina. Por ejemplo, cuando analizamos la condición de nuestro ser, asumimos que nadie es igual a otro y que, por tanto, no debemos aspirar a tener lo que otros tienen, salvo que ello forme parte de nuestra propia condicionalidad. Esto mismo ocurre frente a una enfermedad terminal: si no aprendemos a tener conformidad con lo que nos toca vivir, generaremos vacíos existenciales que perturbarán nuestro ánimo.

Surge entonces la pregunta: si durante toda la vida tememos enfermar, ¿cómo podemos tener conformidad cuando la enfermedad llega? Tampoco debemos confundir estar conformes con aceptar la enfermedad en el sentido de abandonarnos, deprimirnos o perder la voluntad de vivir plenamente los momentos que nos quedan.

Siempre recuerdo una lucidación sobre la preocupación, donde Shikry Gama explicaba que el hecho de preocuparse, de tener inconformidad y de resistirse, genera una tensión tal que desgasta aún más nuestra salud, pudiendo acortar la vida en lugar de prolongarla. En el mismo sentido, los temores producen efectos negativos en nuestro organismo. Cuántas veces nos decía Shikry Gama que el temor puede ser más dañino que la enfermedad misma, pues nos hace perder la capacidad de defensa.

Él insistía en que debíamos tener confianza en la Voluntad del Padre, porque si hemos cumplido con nuestros deberes hacia los Guías espirituales —especialmente en el sentido de incluirlos siempre en nuestras vidas— tendremos la seguridad de su protección. No podrán evitar el proceso natural de la muerte, pero sí nos asistirán hasta el final, y nuestro Guía espiritual vendrá a recibirnos cuando nos toque partir al otro mundo.

La vida no es más que una preparación para la muerte.

“Debemos prepararnos permanentemente para poder enfrentarnos al momento trascendental, sea cual sea la hora o el día, con la serenidad de quien ha venido cumpliendo con sus obligaciones; de quien ha venido realizando la misión de su propia vida y de quien ha venido gozando de la existencia y de la presencia de la luz en todos sus acontecimientos.” (S.G., Luc 85)

En una ocasión, Shikry Gama aconsejó a una madre que “se preparara para recibir la muerte”. Ella, sin tener otros indicios de que algo pudiera ocurrir, mostró resignación ante la pérdida repentina de su hijo, a quien consideraba la esperanza de su futuro familiar. Él, al referirse a ella, dijo que “mostró coraje, seguridad […], se mostró fuerte, con una resignación digna de admiración”.

Estas calificaciones nos recuerdan las enseñanzas sobre los dos tipos de reacciones opuestas que podemos tener ante la adversidad: el coraje o la cobardía. Aplicada a la muerte, esta idea nos permite comprender que la resignación implica coraje, deseo de vivir y voluntad de comprender todo lo que el Padre nos conceda. Debemos evitar las consecuencias de los temores excesivos que nos conducen a la cobardía, que nos hacen rendirnos o huir de la adversidad, perdiendo el deseo de vivir y abandonándonos interiormente.

Recuerdo también el caso de una persona que no aceptaba su destino y que, en lugar de buscar vivir sus últimos tiempos en paz, de acercarse más a sus familiares, se dedicó a probar toda clase de tratamientos, con la esperanza de que alguno pudiera salvarla. Nada de ello ayudó en su proceso, y desencarnó sola, resistiéndose a todo lo que le sucedía.

Cuántas veces nos dijo Shikry Gama que vivimos en una cultura que nos ha inculcado el temor a la muerte. No queremos hablar de ella y, cuando alguien padece una enfermedad terminal, casi siempre limitamos nuestras plegarias a pedir que la persona sane, sin preguntarnos cuál es realmente la Voluntad del Padre.

En realidad, no tememos a la muerte en sí, sino a la sensación de que nos falta tiempo porque no nos hemos preparado adecuadamente; porque somos conscientes de que pudimos haberlo hecho mejor, de que nos falta cumplir responsabilidades, o de que nos hemos dejado arrastrar por nuestras pasiones. Shikry Gama aclara que se trata, en realidad, del temor a los descuidos, al abandono que tenemos de nosotros mismos, a la despreocupación por nuestra causa superior y a las flaquezas de nuestro espíritu (S.G., Luc. 185).

Esto explica por qué la curación física, por sí sola, no garantiza la realización espiritual.

El propio Shikry Gama contaba que, al inicio de su misión, curaba todo tipo de cánceres terminales que los médicos ya habían desahuciado. Sin embargo, su sorpresa fue que, en muchos casos, las personas se liberaban de la enfermedad mortal, pero poco después fallecían igualmente por un simple resfrío. A partir de ello, cambió su forma de proceder y comenzó a consultar primero al Principio Universal de Salud que lo asistía, para saber si la persona tenía aún tiempo de vida o si ya había cumplido su ciclo en la Tierra.

Por eso siempre aconsejamos pedir por los demás sin exigir la curación, salvo que esa sea la Voluntad del Padre, dejando que Su Voluntad determine lo que es mejor para cada ser.

Es fácil hablar de lo que aún no nos ha tocado vivir —me incluyo—, pero ello no quita la importancia de investigar y reflexionar sobre lo que Shikry Gama nos enseñó.

En una conversación, Shikry Gama afirma:

“No puede haber resignación sin una sumisión total a los designios del Padre, y aceptarlos con sumisión.”

Para Shikry Gama, “la sumisión es el sometimiento de nuestro ser ante Dios, ante aquellos seres que son superiores a nosotros y que, por sus ejemplos, han demostrado mayor experiencia y conocimiento que nosotros. La sumisión implica humildad, modestia del espíritu (…)”.

La actitud contraria es la rebeldía. Por eso nos advierte que quienes se niegan a someterse ante Dios creen que “por sí mismos saldrán adelante”, que “su inteligencia es tan grande que no necesitarán ni de la iluminación de Dios” para avanzar (Lucidación: La soberbia y la sumisión).

De allí la importancia de pedir siempre la asistencia de Dios, más aún en situaciones de enfermedad terminal, pues solo así podemos apartar la oscuridad de nuestra mente y liberarnos de la soberbia.

En la lucidación sobre la fe (1993), Shikry Gama nos dice:

“Nuestra fe se nutre en la idea de la ruta espiritual, en la del Guía espiritual, del nexo espiritual que encontraremos en él con el Padre; una fe que debe practicarse con humildad y sumisión. Una fe que debe pedir en todo momento del día que Él se acerque para darnos luz de entendimiento, una fe que debe pedir su ayuda.”

La soberbia nos enceguece y no nos permite comprender el gran caminɔ espiritual que se nos abre cuando aprehendemos a ser sumisos. 

Necesitamos la sumisión para elevar nuestras plegarias ante Dios, reconociendo nuestros errores, nuestra insignificancia, imperfección e ignorancia, y la necesidad permanente de Su asistencia, Su luz y Su ayuda.

Como nos recuerda Shikry Gama:
“No hay nadie más interesado en la realización de nuestra existencia que Aquel que nos creó, que nos dio la vida y la inteligencia para cumplir Su Voluntad.”

Shikry Gama nos hace reflexionar: 

“Si incluso padres humanos, llenos de imperfecciones, se sacrifican por sus hijos, ¿por qué dudamos de Dios Padre? ¿Por qué no ponernos a disposición de Su Voluntad, renunciando a nuestras pretensiones particulares y ofreciéndonos como instrumentos de ella? (S.G., Luc. 185, 10/10/1978)”

La resignación nos da paz.

“La paz es un estado del alma, de la mente y del espíritu buscador, que se consuela con todo lo que la vida le ofrece, aceptándolo con resignación” (S.G., La Paz, 07/12/1993).

La paz llega cuando renunciamos a desear lo innecesario, cuando aceptamos el destino que la Voluntad de Dios determina, cuando aceptamos lo que somos y cómo somos, sin envidiar a otros. Solo así encontramos la paz necesaria para compartir con Dios las vivencias que nos toca experimentar.

“Corporalmente, todos nuestros cuerpos deberán perecer, pero nuestra vida espiritual es inmortal. Nuestro espíritu es indestructible.”

Esta idea debe guiarnos. Shikry Gama exhorta a nuestros espíritus a no flaquear cuando sentimos que se acerca el tiempo de partida. Nuestro espíritu vino a este mundo a usar el cuerpo como instrumento de aprendizaje y preparación espiritual, y no debemos descuidar esa preparación ni perder el entusiasmo hasta el último instante de nuestra agonía.

Incluso con la enfermedad y el sufrimiento presentes, debemos seguir agradeciendo al Padre, porque aún en esos momentos finales nos permite participar plenamente de la experiencia de la vida y nos prepara para el trascendental momento de la separación corporal. (S.G., Con los días contados).