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Claudio Javier Cedeño Araujo (Shikry Gama)

Biografía histórica

Claudio Javier Cedeño Araujo (Iquitos, 7 de junio de 1936 – Lorenia, 19 de marzo de 2011), conocido espiritualmente como Shikry Gama, fue un pensador y místico amazónico peruano, fundador del movimiento filosófico-espiritual denominado Septrionismo. Su vida estuvo dedicada a la investigación espiritual, la enseñanza filosófica y la promoción de iniciativas culturales y sociales orientadas al desarrollo humano y a la identidad amazónica.

Origen familiar e infancia

Claudio Javier Cedeño Araujo nació el 7 de junio de 1936 en la ciudad de Iquitos, en la Amazonía peruana. Fue hijo de Jorge Cedeño, de nacionalidad colombiana, y de Ángela Araujo, de nacionalidad peruana. De los cinco hijos del matrimonio, fue el único nacido en el Perú.

A los dos años y medio quedó bajo la crianza de su abuela materna, Alfonsa Casado de Araujo, quien asumió su educación y formación moral. Su infancia estuvo marcada por una disciplina familiar rigurosa y por un ambiente en el que se reflexionaba constantemente sobre las causas y consecuencias de las acciones humanas.

Un acontecimiento que influyó profundamente en su niñez fue el conflicto fronterizo entre Perú y Colombia durante la década de 1940. Como consecuencia de las tensiones entre ambos países, su padre no pudo regresar a Iquitos y su madre debió abandonar el Perú, dejando al niño al cuidado de su abuela.

Durante esos años desarrolló una personalidad introspectiva y autodidacta. Fue el único nieto que vivió permanentemente en casa de su abuela, lo que contribuyó a su temprana inclinación hacia la reflexión personal.

Formación y juventud

Realizó sus estudios primarios en el colegio San Agustín de Iquitos y culminó su educación secundaria en la Gran Unidad Escolar Mariscal Óscar R. Benavides.

Desde joven manifestó interés por múltiples áreas del conocimiento y desarrolló habilidades prácticas en diversas actividades técnicas y manuales. En su juventud expresó aspiraciones profesionales vinculadas a la aviación y a otros campos técnicos.

Durante esos años también manifestó experiencias que él mismo relacionaba con la percepción del mundo espiritual. Según testimonios posteriores, desde la infancia había tenido contacto con círculos espiritistas a los que asistía acompañado de su tío José Pelayo Araujo Casado.

A pesar de ello, durante su juventud intentó llevar una vida convencional y posponer cualquier compromiso con una actividad espiritual.

El retiro amazónico

A finales de la década de 1950 decidió realizar un retiro espiritual que se prolongó durante aproximadamente nueve meses en diversos lugares del río Amazonas. Durante ese periodo se dedicó a reflexionar intensamente sobre cuestiones filosóficas, espirituales y sociales.

Según su propio testimonio, ese retiro constituyó un momento decisivo de su vida, pues en ese proceso elaboró los principios fundamentales de lo que posteriormente sería conocido como la doctrina septriónica.

Alrededor de 1960, a los 24 años de edad, decidió asumir plenamente la misión espiritual que sentía como propia e iniciar la difusión de sus ideas.

Al reconstruir su propia trayectoria, Claudio Cedeño afirmaba que “toda mi vida fue una preparación constante para la misión”, entendiendo que los acontecimientos de su existencia no respondían al azar, sino a una “causalidad” que lo conducía al cumplimiento de su destino. También insistía en que su comprensión no provenía de una iluminación pasiva, sino de una búsqueda consciente, por lo que llegó a definirse como “el investigador de lo que conozco”.

Inicio misional

Una etapa decisiva en la historia del movimiento se produjo en 1967, cuando Claudio Cedeño y su esposa, Placidia Josefa González Guizado —conocida como Pepita— realizaron un viaje por los ríos Putumayo y Amazonas desde Puerto Leguízamo, en Colombia, hasta la ciudad de Iquitos.

Ese viaje marcó el comienzo de lo que posteriormente sería considerado el inicio misional del movimiento.

Al llegar a Iquitos se alojaron en una casa de la calle Tacna que su tío José Pelayo Araujo puso a su disposición. En ese lugar comenzaron a reunirse con diversas personas interesadas en temas espirituales y filosóficos.

En un primer momento intentaron trabajar con un grupo espiritista existente en la ciudad, pero las diferencias internas de ese grupo impidieron que la iniciativa prosperara.

Posteriormente, por intermedio de José Pelayo Araujo, se formó un nuevo núcleo de personas interesadas en las enseñanzas que Claudio Cedeño comenzaba a exponer. Entre los primeros integrantes de ese grupo se encontraban Máximo Meléndez, Pío Ramírez, Américo Domínguez, Moisés Chang, Romeo Wong y Grimaldo Celis.

Con ellos se inició el primer ciclo de enseñanzas.

Las reuniones se realizaban casi diariamente, muchas veces desde las seis de la tarde hasta altas horas de la madrugada, y consistían en diálogos filosóficos, instrucción doctrinal y ejercicios de desarrollo mental y espiritual.

Fundación de la Sagrada Orden Mística

Con el crecimiento del grupo inicial surgió la necesidad de organizar formalmente la comunidad.

En agosto de 1968, el entonces alcalde de la ciudad de Iquitos, Juan Isern Córdova, donó un terreno ubicado en el kilómetro 10 de la carretera a Quistococha para que el grupo pudiera establecer un lugar permanente de reunión.

El 24 de agosto de ese mismo año se realizó la primera inspección del terreno y pocos días después comenzaron los trabajos de desmonte para construir el primer templo.

Los miembros del grupo participaron personalmente en los trabajos de limpieza y preparación del terreno, muchas veces utilizando herramientas básicas y trabajando bajo las difíciles condiciones del clima amazónico.

El 21 de septiembre de 1968 se inauguró oficialmente el primer Laratri —templo ceremonial del movimiento— en una ceremonia sencilla que contó con la presencia de autoridades civiles y militares de la ciudad de Iquitos.

Ese acto marcó el nacimiento formal de la Sagrada Orden Mística Brahamánico Lamaísta, que posteriormente sería conocida como la Sagrada Orden Mística del Septrionismo.

Fundación del Centro Cultural

El crecimiento del movimiento llevó a la creación de una institución dedicada a la difusión cultural y filosófica de sus ideas.

El 12 de octubre de 1969 se fundó en Iquitos el Centro Cultural Filosófico Brahamánico Lamaísta, con la participación de varios de los miembros iniciales del grupo.

Entre sus fundadores se encontraban Claudio Javier Cedeño Araujo, Placidia Josefa González Guizado, José Pelayo Araujo Casado, Máximo Meléndez Cárdenas, Américo Domínguez Díaz, Moisés Chang Macedo, Pío Ramírez Bustamante, Francisco Ramírez Bustamante, Romeo Wong del Águila, Grimaldo Celis y Luis Miguel Morey Sibina.

La primera junta directiva del centro cultural fue elegida en mayo de 1970.

Actividad cultural y social

A lo largo de las décadas siguientes, Claudio Cedeño desarrolló una intensa actividad de enseñanza y orientación.

Numerosas personas acudían a él en busca de consejo espiritual, orientación psicológica o ayuda en cuestiones personales.

También promovió el estudio de diversas áreas del conocimiento y sostuvo diálogos con profesionales de distintas disciplinas científicas.

Entre sus intereses se encontraba la relación entre ciencia y espiritualidad, así como el desarrollo de métodos de diagnóstico que denominaba telediagnosis, los cuales enseñó a médicos y estudiantes.

Asimismo utilizaba conocimientos de herbolaria amazónica en la atención de problemas de salud y promovía una visión integral del ser humano que integraba aspectos físicos, psicológicos y espirituales.

Ética del deber

Una de las nociones éticas centrales en su vida fue la del deber. En una entrevista afirmó: “Para el místico el Gran Deber es servir a su Dios en todo lo que de él se espera”, y sostenía que el compromiso asumido debía estar “por encima de toda otra consideración”. 

Pensamiento amazónico

Además de su actividad espiritual, Claudio Cedeño participó en debates sobre el desarrollo social y económico de la Amazonía.

Uno de sus aportes más conocidos fue la formulación del principio:

“No se puede ser nacionalista sin ser regionalista.”

Esta idea fue presentada en su ponencia Sin regionalismo no hay nacionalismo, expuesta en el Primer Seminario Regional del Petróleo en 1972.

A través de sus reflexiones promovió la valorización de la identidad amazónica y el reconocimiento del papel de la región en el desarrollo nacional. En ese contexto cuestionó los términos despectivos con que históricamente se había denominado a los habitantes de la región y propuso una visión que resaltara su identidad cultural.

Asimismo promovió el uso del gentilicio “amazónico” para referirse a los habitantes de la región y el empleo del término “Amazonía” como expresión de identidad geográfica y cultural.

Expansión del movimiento

Con el paso de los años surgieron comunidades vinculadas al Septrionismo en diversas ciudades del Perú, entre ellas Iquitos, Pucallpa, Lima, Contamana y Huancayo.

También se establecieron grupos de estudio en otros países.

A través de estas comunidades se desarrollaron diversas iniciativas sociales, entre ellas colegios gratuitos, centros culturales y postas médicas destinadas a brindar apoyo a poblaciones necesitadas.

Expansión a Lima

Durante los años de consolidación institucional, la Hermana Placidia Josefa González Guizado (Pepita) desempeñó un papel fundamental en la expansión del movimiento hacia la ciudad de Lima. Mientras Claudio Cedeño permanecía dedicado principalmente a las actividades misionales y organizativas en la Amazonía, ella preparó el terreno para el establecimiento de la comunidad en la capital.

Con el tiempo ambos se trasladaron a Lima, donde organizaron la sede misional ubicada en Wakulski 185, que durante más de dos décadas funcionó como centro de reuniones, ceremonias y actividades culturales del Septrionismo.

Desde ese lugar se desarrollaron numerosas actividades doctrinales y espirituales, convirtiéndose en un punto de encuentro para varias generaciones de hermanos interesados en el estudio del conocimiento septriónico.

Fallecimiento de Hermana Pepita

El 25 de octubre de 1989 se produjo la transición espiritual de Placidia Josefa González Guizado (Hermana Pepita), figura central en la fundación y consolidación inicial del movimiento. Su fallecimiento ocurrió en la casa de Wakulski 185, en la ciudad de Lima, lugar que durante años había servido como sede de numerosas actividades misionales y espirituales del Septrionismo.

Posteriormente, su cuerpo fue trasladado a la comunidad de Lorenia, donde fue velado durante siete días por los miembros de la comunidad y hermanos del movimiento, en ceremonias de despedida que recordaron su vida de servicio y su participación decisiva en los años iniciales de la obra misional.

Últimos años y legado

Durante sus últimos años continuó dedicado a la enseñanza doctrinal y a la orientación de las comunidades vinculadas al movimiento.

Claudio Javier Cedeño Araujo falleció el 19 de marzo de 2011.

Su legado continúa a través de las comunidades, instituciones y textos vinculados al Septrionismo, así como en las tradiciones y testimonios que forman parte de la historia del movimiento.