Miembros de la Sagrada Orden Mística Septriónica

Miembros de la Sagrada Orden Mística Septriónica

La mística septriónica está conformada por dos cuerpos místicos: los Seguidores y los Servidores.

El seguidor

Los seguidores están formados en esta piramide por dos grupos: los proseguidores y seguidores.

El pro-seguidor

El proseguidor es un simpatizante que sigue las enseñanzas septriónicas. Puede estar capacitándose para entrar a la mística septriónica. Asiste a las ceremonias y las reuniones, pero no se define todavía para ingresar al Septrionismo.

El proseguidor también puede ser un presentado. Generalmente se tratan niños cuyos padres desean educarlos con los principios de la conformética septriónica. El presentado recibe la protección septrionica en una ceremonia mística. No tiene ningun compromiso con el Septrionismo.

El seguidor septriónico

Cuando deseamos practicar la mística septriónica podemos volvernos seguidores. Nuestro mística abarca tanto el grupo social del mundo físico como la asistencia del mundo espiritual. Adquirimos un compromiso con su Guía espritual, Shikry Gama.

Podemos ser practicantes por la necesidad de perfeccionarnos, de buscar el conocimiento de ciertas formas de desarrollo de facultades básicas, de ciertas formas de meditación que sean benéficas en nuestra vida diaria, sin desordenar nuestra vida social, sin tener responsabilidades exigentes ante nuestra institución, sino tan sólo con ciertas obligaciones de seguidor El seguidor (o septriónico) es practicante de la causublimación [1].

Esta condición se adquiere en una ceremonia mística en la que somos aceptados como parientes en el espíritu septriónico.
Los seguidores están categorizados en cuatro condiciones:

  1. Parientes en el espíritu septriónico
  2. Primos en el espíritu septriónico
  3. Primos Hermanos en el espíritu septriónico
  4. Iniciados en el espíritu septriónico

Consideramos que en la realidad espiritual todos somos hijos espirituales de un mismo Padre Creador… Nuestro grado de parentesco con nuestro Padre Único ya no se mide por los grados de consanguinidad de la carne, sino por los grados de evolución espiritual que vayamos adquiriendo en nuestro camino.

En nuestra gran familia septriónica no cuentan las diferencias sociales ni raciales ni económicas. No interesa el color de la piel, ni si somos ricos o pobres, sabios o ignorantes. Podemos provenir de diferentes religiones o creencias. Nos unimos porque estamos convencidos de ser una familia espiritual. Solo nos diferenciamos  por nuestro comportamiento moral, ético, cívico y social.

El servidor

Cuando decidimos dedicar nuestra vida, nuestras actividades y/o gran parte de nuestro tiempo a la Institución,  podemos aspirar a una nueva condición dentro de nuestra organización y es la de iniciado.

Se trata de un tiempo para probar si nuestro deseo de servir es constante. Si después resulta que a traves del tiempo seguimos teniendo la misma aspiración, podemos adquirir la condición de servidor. Ya hemos definido y decidido que seguimos en el camino del servicio.

El servicio es el camino de la espiritualidad que el Septrionismo ofrece a todo aquel que quiere la comunicación espiritual. No necesitamos renunciar a las realidades mundanas. Nos responsabilizamos de una entrega comprometida a todo aquello que debemos cumplir para hacer felices a nuestros semejantes. Esto implica combatir todas las negatividades, aliviar el sufrimiento y los dolores, dando esperanza de un mundo nuevo para todos.

El servidor practica la fidelidad con el Septrionismo y la institución. La apoya en su crecimiento y la divulgación de las ideas septriónicas.

Los servidores servimos a nuestros semejantes como una ofrenda a Lo Dios. Buscamos adquirir el conocimiento de la naturaleza para orientar a nuestros semejantes en el conocimiento de las leyes naturales.

Trabajamos para lograr el dominio de nuestra personalidad en las relaciones humanas, para evitar sufrir las consecuencias de la irreflexión y de la falta de conciencia que a veces provocamos consciente o inconscientemente con nuestras propias acciones.


[1]    Sublimación del Espíritu (Ego), mediante el control de la causalidad.

(Extracto del Manual de Pro-Seguidores – Septrionismo)