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Hermano Claudio: coherencia y servicio como expresión del Espíritu Guía

Testimonio sobre el Hermano Claudio —Shikry Gama, fundador del Septrionismo—: un retrato de coherencia entre palabra y acción al servicio de los demás.

21 de enero de 2026 · Lectura de 4 min
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Causalidad
La ley de causa y efecto. Para el Septrionismo, el instrumento de equidad de Lo Dios: dinamizamos con nuestros actos aquello que luego vivimos.
Hermano Claudio
Nombre con que la comunidad se refiere a Claudio Javier Cedeño Araujo, cuyo nombre espiritual es Shikry Gama, Gran Lama Fundador del Septrionismo.
Shikry Gama
Nombre espiritual de Claudio Javier Cedeño Araujo (Iquitos, 1936 – Lorenia, 2011), fundador y Gran Lama Fundador del Septrionismo.
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Testimonio sobre el Hermano Claudio, expresión humana del Espíritu Guía Shikry Gama. Un retrato de coherencia entre palabra y acción, donde la enseñanza no fue discurso sino presencia, y el servicio se manifestó como responsabilidad consciente puesta al bien de los demás.

HERMANO CLAUDIO

El Hermano Claudio fue, ante todo, un ser de coherencia entre la palabra y la acción. En él no existían los condicionantes del “tal vez” o del “posiblemente”. Cuando algo debía hacerse, se hacía; cuando hablaba, su palabra ya era acto en movimiento.

Su sola manera de estar provocaba un reajuste en los demás. Era imposible permanecer en la confusión cuando él aparecía. No necesitaba adornos ni artificios: su silencio era elocuente. Escuchaba de verdad, no para responder de inmediato, sino para tocar la esencia del otro y, desde allí, pronunciar la palabra justa, exacta y oportuna.

En él, la enseñanza no era un discurso: era presencia viva. El Hermano Claudio no pedía a nadie lo que él no practicara primero. Caminaba delante no por soberbia, sino por responsabilidad. Llegar primero —decía— no es un triunfo personal, es un servicio: quien llega primero despeja la senda para que los demás lleguen mejor.

Su tolerancia era activa. Acompañaba sin invadir, corregía sin herir, orientaba sin imponer. Veía el proceso completo, más allá del error puntual, y sostenía a cada persona en su propio aprendizaje. No buscaba seguidores; buscaba conciencias despiertas, capaces de decidir por sí mismas el bien que debían realizar.

Dios, el Padre Creador, ha dejado en el universo la Providencia Divina, y en ella están inscritas las Leyes de la Causalidad. Nadie puede abarcarla por completo; sólo quien se aproxima a la esencia divina puede vislumbrar parte de su verdad. Nosotros apenas rozamos su orilla mientras aprendemos a ajustar la causa para mejorar el efecto.

El Hermano Claudio vivía con una sencillez profunda. Lo elevado y lo cotidiano cabían en la misma mesa. Podía hablar de pan y de luz con la misma seriedad y la misma calma. No dramatizaba; obraba. No se demoraba; procedía. Su alegría no era ruido: era una claridad serena que animaba el trabajo.

Como expresión humana del Espíritu Guía Shikry Gama, su misión fue abrir una senda de conocimiento, orden y servicio para que cada persona aprendiera a escuchar la voz de su propia conciencia y a caminar con responsabilidad. No ofrecía atajos místicos ni promesas de privilegio: mostraba procedimientos del alma, formas concretas de ordenar el interior para que el bien se vuelva posible afuera.

Quien estuvo cerca de él recuerda una cualidad que no se puede fingir: coherencia. Su palabra era un contrato consigo mismo. Si algo no procedía, lo decía a tiempo; si procedía, lo iniciaba sin demora. En él, la confianza no era fe ciega, sino memoria de hechos: una historia de cumplimiento que daba paz.

Su legado no es una teoría, ni una cronología, ni un repertorio de frases. Su legado es un modo de estar en el mundo: escuchar antes de hablar, discernir antes de actuar, actuar sin demora cuando el bien lo reclama, revisar con humildad y continuar sin alardes.

Tenemos el deber de reconocer su huella viva. El Hermano Claudio no se quedó en el ayer: permanece allí donde alguien decide ordenar su vida desde la causa, cumplir su palabra y poner su talento al servicio de otro. En ese acto, él vuelve a hablar.

Y cuando la mente se aquieta y el corazón deja de defenderse, se escucha una voz que no necesita gritos ni señales:
«Cuando el alma del lector se aquieta, la voz del Hermano Claudio puede hablarle desde el silencio».

El libro que guarda su huella no es un tratado de fórmulas: es el libro universal de la humanidad, la memoria viva de quienes han servido sin ruido y han abierto caminos. Allí, entre las páginas invisibles de las obras cumplidas, se inscribe su nombre con una tinta que no se borra: coherencia, servicio, ternura firme y alegría sobria.

Quien quiera honrarlo hoy no necesita rituales complejos: que cumpla una promesa pendiente; que alivie un dolor cercano; que ordene un milímetro del desorden propio; que llegue “primero” allí donde su llegada abra camino para otros.
Esa es la reverencia.

Y en ese gesto, Shikry Gama sonríe, y el Hermano Claudio sigue presente.

Sobre esta entrada

Categoría
Testimonios
Temas
Educación
Publicado
21 de enero de 2026

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