Cuando llegué a la comunidad Lorenia vi que Shikry Gama estaba solo, en el sentido de que su casa y sus cosas estaban sin el cuidado que necesitaba. Me ofrecí inmediatamente para ayudarlo a limpiar, lavar y ordenar. La anécdota fue que me llevó a comprar las cosas que necesitaba para limpiar en el centro. Cuando vio que no compraba una escobilla para frotar los pisos, sino seis, me preguntó sorprendido por qué necesitaba tantas, a lo que le respondí que iba necesitar muchos años para limpiar todo lo que faltaba. Y tenía razón, mi espíritu ya delataba que había venido para casarme con él para ayudarlo en todo lo que podía. No fue quizás lo que uno piensa alguna típica labor de misionera. Lo más importante fue y sigue siendo hasta ahora ordenar. El trabajo fue inmenso, porque habían muchas cosas, y los depósitos de la comunidad estaban llenos de cosas que el Hermano Claudio había comprado con años de anticipación previendo las necesidades futuras de la comunidad. Lo que pasaba era que todo estaba amontonado en depósitos sin ningún orden ni facilidad de ver lo que había. Cuántas veces me he visto sacar cosas del depósito, tratando de ordenar algo que requería en realidad un equipo de gente. Sacar, seleccionar, ordenar y guardar. Puedo decir que he avanzado después de 30 años, pero no he terminado hasta ahora. No había presupuesto para poder hacerlo de manera ideal, así que siempre había que improvisar.

Lo mismo pasó con los papeles institucionales. Me encontré con montones altísimos de papeles sin ordenar. En el pasado vi que había secretarias que habían ordenado papeles, pero los servidores que luego estaban a cargo del archivo no tenían esa preparación y todo se desordenó más de lo imaginable. Sin entender todavía de qué se trataba todo, empecé a revisar lo más rápido que podía, sin detenerme a leer nada, sólo de sacar las ideas principales o tratar de encontrar una categoría para cada papel, los separaba  llenando todas las mesas que habían. Correspondencia institucional, entre filiales, sobre servicios septriónicos, como colegios, postas médicas y miles de cosas diferentes, correspondencia personal, papeles oficiales de trámites. En fin. No me ocupaba de la doctrina porque no había tiempo para eso. Hacer índices de las lucidaciones y textos que parecían charlas… Índices de una y otra cosa para poder encontrar los papeles cuando el Hermano los necesitaba. Y casi todos los días necesitaba algún papel que era casi imposible de encontrar por el desorden que existía. Este trabajo es tan inmenso que después de 30 años he avanzado bastante pero aun así falta muchísimo. Además de eso tuvimos que digitalizar lo que ya estaba escrito en papel transcribiendo nuevamente todo lo importante. Siempre faltan manos y cerebros para avanzar.

Me preguntaba a veces qué hacía haciendo estos trabajos que nadie quería hacer, pero la necesidad de ordenar era más grande que mi duda y viendo que el Hermano lo necesitaba me sentí realizada. Luego empecé a hacer índices de los temas que se trataban en diferentes textos para poder encontrarlo cuando me pedía algo, lo que se convirtió en el “colucidario” con el tiempo. Y entonces el Hermano me motivó a hacer comentarios. Allí me di cuenta que todo este trabajo tan tedioso no había sido en vano.

También me di cuenta y admiré a los hermanos en todos los lugares septriónicos que apoyaban en cualquier actividad el servicio institucional. Se dedicaban con tanta entrega a arreglar los templos para la ceremonia, desde la limpieza hasta los detalles de sacralidad. En la selva encontraba una fuerza de grupo más grande aún que en Lima, que hacían trabajos comunales que no había visto. Trabajos de limpieza de terrenos porque en la selva crece todo tan rápido que se vuelve una maraña de plantas. Al Hermano Leoncio Chú Cueva de Pucallpa (E.p.E.) el Hermano siempre lo llamaba su primer discípulo por su entrega total. En Iquitos pasaron primero por la dirección del Hermano Guillermo Cetraro DSouza (E.p.E.), que en ese entonces no era septriónico pero que por sus valores Shikry Gama le pidió dirigir a la hermandad. Luego se encargó el Hermano Américo Dominguez (E.p.E.), y también se encargó su esposa Aurita Isabel Macedo Rocha, posteriormente el Hermano Miguel Morey Sibina (E.p.E.). El Hermano Romeo Wong apoyó también desde los inicios para hacer funcionar el colegio Inka Manko Kali y todos los servidores que apoyaban a todos trabajaron incesantemente y desinteresadamente en los proyectos institucionales. Al hermano Miguel le tocó la ingrata tarea de tener que defender con todo lo que podía el resto del terreno de la institución que quedó después de las invasiones. Todos los días contrataba de su bolsillo policías para resguardar el área contra invasores. Hizo lo imposible para lograr volver a tener esa parte a nombre de la institución y con su esposa, la Hermana María Fano, que también se dedicó y sigue dedicando su vida íntegramente a servir a Shikry Gama. Lograron ordenar, mejorar y estabilizar el funcionamiento del Colegio Inka Manko Kali en Iquitos. Nunca tuvo duda alguna de su deber como servidor, sacrificando todo lo que podía para servir a Shikry Gama. Y ahora se ha entregado a la labor institucional en Iquitos la Hermana Gladys Zevallos Chavez que junto con la hermana María Fano Nuñez, como promotora del Colegio Inka Manko Kali, mantienen las actividades institucionales.

Lo mismo pasó con el Hermano Leoncio que dedicó su vida personal íntegramente al servicio. Fue maestro en la masonería, pero esto lo abandonó para integrarse al servicio institucional. Todos los días el hermano Claudio conversaba por teléfono con el Hermano Leoncio y el Hermano Miguel. Eran inseparables. Compartían todo como hermanos espirituales. Hilda Da cuña era la esposa de Leoncio y también se dedicaba a apoyar a las labores del Hermano Leoncio y de atender a las visitas que llegaban a su casa, sin ser septriónica. 

Cuando viajábamos a Pucallpa, la Hermana Eduarda Panduro por iniciativa propia dejaba su trabajo porque quería atendernos durante nuestra visita. Tenían una entrega única. Y a cada filial donde viajábamos, los hermanos se unían todos para atendernos y organizar las actividades. Los hermanos servidores tanto de Pucallpa como Iquitos y Lima se dedicaban con devoción una vez por semana a dar el servicio de sanación y otro para dar el servicio de la meditación, la ceremonia de la introeonización. Nunca fallaron una sola vez en ese servicio. Todo lo hacían dando prioridad al servicio institucional por encima de sus actividades personales. En Pucallpa el Hermano Jorge Sandoval Ríos era la persona de confianza del Hermano Leoncio y cuando estábamos allí él venía todos los días puntualmente sin falta. Él recibía las direcciones del Hermano Leoncio de las labores previas de cada actividad. Las prácticas de la sanación también eran muy populares, cuántos hermanos  pasaron a hacer sus prácticas por allí. Queda grabada en nuestra memoria los hermanos de la triada, como Hernan Reyna del Águila (E.p.E.), vecino del Hermano Leoncio,  Marino Rodriguez,  que además organizó y se dedicó años al programa ganadero septriónico en Pucallpa. En las primeras generaciones, el Hermano Severo Saavedra, que inició las actividades de la comunidad Shirambari con Uldemar Tenazoa, y el Hermano Juan del Águila. El Dr. Pedro Reategui inició las actividades del primer centro cultural en Pucallpa. Todos ellos permanentemente participaban en las prácticas de sanación y la ceremonia. En Contamana el Hermano Leoncio Zevallos nos regaló el terreno para el templo, los Hermanos Manuel Torres y Sarita Gonzáles Vargas estuvieron al frente de las actividades permanentemente. El Hermano Valentin Zevallos Chavez también se dedicó a apoyar a la comunidad de Contamana.

Quién no se acuerda en Iquitos también del Hermano Manuel Fernández, que vivió un tiempo con su familia en la comunidad, sembrando árboles, organizando el club de fútbol, haciendo trámites para lograr cosas para la comunidad, y logrando que el entorno fuera reconocido como asentamiento humano Inka Manko Kali. El Hermano Mario Pinedo, que también fue promotor del colegio y vivió un tiempo en la comunidad, sembrando  árboles, con su esposa Pilar Paredes, que logró hacer la piscigranja en la comunidad. Arturo Tuesta, que siempre venía a la comunidad para plantar, apoyar en todo lo que podía, era tan fiel al Hermano Claudio que le dio la tarea de vigilar los gastos que se hacían e informar siempre de todo lo que pasaba sin ser cómplice de nadie.

Los servidores eran hombres y mujeres indistintamente. Además hacían actividades pro fondos para la institución. Por muchos años tanto en Pucallpa como Iquitos, sus parrilladas de pollo, juanes y los pescados ahumados fueron famosos y tenían redes de comunicación para que la gente viniera a consumirlo o recogerlo. Era un trabajo hermoso de unión de grupo. Quién podría olvidarse de las Hermanas Placidianas Yrene Zagaceta, Lucy Puraca y Buca Dominguez, que eran inseparables y fueron el alma de las actividades pro fondos de Iquitos. Ellas eran ayudadas por Marina Tuesta, Andrea Carihua, Zoraida Paredes, y todas las demás que bajo su estricta vigilancia y exigencia de perfección en la cocina trabajaban como abejas en un panal haciendo toda clase de actividades pro fondos. Nunca me olvidaré de cómo la Hermana Irene me cosía mis vestidos cuando recién llegué, incluso el vestido que usé para casarme. No paraba nunca, iniciaba una labor y no paraba hasta no terminar, aún si fuera a las 4 de la mañana. Cosía todos los mantos y sayales que podía para cada ceremonia especial. En Pucallpa, los hermanos servidores incondicionales como el Hermano Jorge Sandoval, su esposa Alicia Sandoval,  sus hijos, y las demás hermanas y hermanos de la comunidad septriónica, como la Hermana Natalia Riva, Iris Mey,  Nancy Ribeyro (E.p.E.), siempre apoyando en todas las labores que es imposible mencionar todo aquí. Tampoco nos olvidamos de la hermana Amelia con su apoyo incondicional y responsable, de las deliciosas comidas y cada vez cuando viene a Lima nos alegra con una jornada de trabajo en grupo para cocinar algo especial, de los mantos que también cosía con su eterna ayudante la hermana Adela Lí. Y luego el hermano Yando que desde los Estados Unidos vino maquinando cómo apoyar la institución y contribuir haciendo un templo que hace muchos años estaba soñando hacer.

En Lima no nos olvidamos de la Hermana Dora Lucila Salcedo Guerra (E.p.E.) que inició las actividades del septrionismo, las Hermanas María Celsa Semino Door (E.p.E.), Teresa Augusta Lazo Anaya, que tuvieron quizás más cargos que los demás hermanos servidores; los Hermanos Tula Mercedes Godenzi Bustamante, José Humberto del Aquila Morote, otros hermanos a quienes no he tenido el gusto de conocer, que fueron antes de mi tiempo, pero los antiguos que conozco son muchos, entre ellos el Dr. Alburquerque, el Hermano Eusebio Ramirez Villagaray (E.p.E.) que luego se entregó a labores en beneficio de su pueblo, pero nos dejó con formación septriónica a su sobrino. Los hermanos que siempre se dedicaban a la triada, como el hermano Javier Contreras Coras, el Hermano José Gregorio Fernandez de Paredes, que también se dedicó a muchas otras labores como transcribir, fue promotor del colegio Lorenia y se preparó como lucidor en la civística. El hermano Luis Marco Luna que siempre venía a la hora, nos acompañó cuando estábamos trabajando haciendo la sanación y la ceremonia en Breña y Miraflores, junto con todos los demás hermanos como la hermana Teresa Ortiz que prestó su casa varios años, el grupo de hermanos que se dedicaron en Breña a la sanación y la ceremonia, los hermanos Carlos y Adela Li, Daniel Sanchez e Irma Munarriz, Anita Vilchez; el hermano Alfredo Amador que venía desde lejos cada semana a integrarse en los labores de la oficina y luego en Miraflores con mucho amor se encargó de la cafetería. Fueron tiempos hermosos de entrega y amor.

El Hermano Pío Ramirez vivió sus últimos años en Lorenia y como condición para permanecer allí era que debía ocupar alguna labor. Pero toda su vida había sido tornero, no había alguna labor que se parecía a eso en la comunidad. Lo que se necesitaba era cuidar el jardín y hacer pequeñas labores de mantenimiento.  Al inicio no le gustaba mucho esa labor, pero poco a poco fue entregándose a ello. Una vez nos cuenta que estaba un poco desganado para dedicarse a esa labor, cuando en una ceremonia especial Shikry Gama le dio un mensaje haciéndole entender que mientras haría su labor con amor su vida se iba prolongar. Y eso fue una buena motivación para que siguiera dedicando a todo lo que se necesitaba en la comunidad hasta el día de su muerte. Son inolvidables las escenas hermosas que veíamos cuando los “tres pitufos”, así los llamábamos, se reunían para hacer arreglos en la comunidad, el Hermano Luis Marco Luna, el Hermano Pío Ramirez y el Hermano Rodolfo Puraca (padre). Recordamos también cómo el Hermano Rodolfo se puso contento una semana antes de fallecer cuando le habían mostrado en percepciones la enorme cantidad de herramientas que tenía en el mundo espiritual. El mismo día antes de fallecer se despidió oficialmente del hermano Claudio pidiéndole autorización para seguir sirviendo en la Estancia Transhabitual.

Cada vez que releo esto me acuerdo de más hermanos que no he mencionado aún y me seguirá faltando mencionar a muchos, por lo que me disculpo anticipadamente.

No nos olvidamos tampoco de los hermanos de Bolivia. El Hermano Nicolal Andoni Sabja (E.p.E.) que trajo las enseñanzas a Bolivia, la labor de divulgación de los Hermanos Krunoslav Katusic Delic y Jeannette Lilia Córdova Balderrama (E.p.E.) que también se entregaron de corazón a la labor septriónica.

El hermano Kush que siempre dedica tiempo para conectarse con personas para hacerles conocer la existencia del Septrionismo y que hace poco construyó un templo septriónico en Cuzco para ser inaugurado dentro de poco. Así también la hermana Teresa Ortiz que construyó un templo para la sanación en Caraz que también lo vamos a ir inaugurando dentro de poco.

El hermano Cayo Jerí en Huamanga hizo que mucha gente leyera las lucidaciones. En fin, es de no acabar.

Todos ellos han dejado su huella en la historia del Septrionismo que está descrita en partes y correspondencias. Son ejemplos de personas que han realizado con sencillez en el camino del servicio.

Lo que Shikry Gama describe como el primer templo septriónico es la descripción de esta labor. Por eso se llama ‘ORTOTRIÁRICO’, que es un vocablo síntesis de Orto (nacimiento de la Luz Septriónica) y triárico, de “triar” (ajetreo laboral de las abejas en su panal y por extensión de los septriónicos en su Aratri). Este denominativo encierra la historia y la norma permanente de los servidores del Septrionismo, pues nuestra acción cotidiana es y debe ser ese continuo entrar y salir del Templo (Aratri) para difundir la Luz espiritual que el Padre nos reveló y encargó propagarlo entre los hombres. 

Nadie les va olvidar porque cumplieron lo que nos enseña Shikry Gama cuando dice:

“Cada uno de nosotros debe tratar de vivir cada día prodigándole lo más posible a sus semejantes, a sus deberes, a sus obras y en la medida en que cada día sea un acontecimiento recordable su vida tendrá sentido; su destino estará tomando forma y su realización espiritual se irá acrecentando cada día más para llenar sus vacíos; porque al final de todas nuestras acciones reconocemos que lo único que nos llena, lo único que hace de nosotros algo diferente de los demás radica sencillamente en la suma de todo lo que hicimos por los demás, porque sólo dando a los demás podemos recibir lo que cada uno de nosotros necesite.” (Luc. 108)

EL TRABAJO ES LA MEJOR ORACIÓN’’, es una de las principales normas de nuestra mística porque concebimos que el trabajo en bien de los demás es como nuestras oraciones por el bien de la humanidad.” (Nuestra Misión en el mundo)

Por supuesto también tenemos experiencia de lo contrario, de quienes no aman el trabajo para beneficiar a otros, de quienes incluso ven con malos ojos a las personas que apoyen económicamente con el deber del triesmo a la institución.  Son reacios a hacer “más de lo debido” en beneficio de una institución como la nuestra por ejemplo. Se miden mucho y rápidamente se sienten humillados y abusados. Es bueno conocer que éste no es el camino septriónico. No son pocas las veces que me han llegado al oido comentarios de quienes veían que las hermanas que con amor se dedicaban a cocinar para las reuniones septriónicas trataban de crear resentimientos cuestionando “por qué se estaban humillando cocinando para todos” o que “es un abuso trabajar tanto”. Pero una persona que se dedica con devoción a cualquier labor que sea, siempre va tener el aprecio de sus semejantes y la asistencia de su guía espiritual. Hacer algo sin motivación ni ganas es lo contrario de lo que se espera de alguien que se está superando espiritualmente. Lo mismo vale para quienes critican a los que se están dedicando con amor.

Es más, a quienes se dedicaban con amor, el hermano Claudio siempre les decía lo mismo, como lo hizo al hermano Esteban, que no tenía ingresos más que la propina y aquello que lo que podíamos compartir con él, le dijo “si te integras al servicio, nunca te faltará lo necesario para tu seguridad existencial”. Por supuesto, si pretendemos tener lujos, nada será suficiente. El hermano Claudio mismo era el ejemplo, trabajaba sin descanso, su vida no era de lujos, pero tampoco  se podía decir que no tenía. Cuando el hermano Claudio estaba en el hospital antes de fallecer, una hermana me increpó por qué el hermano Claudio no me había dejado dinero para asegurar mi futuro. Esta hermana no entendió que el servicio, si se hace con devoción, siempre de una u otra manera nos permite sobrevivir. Fue difícil mucho tiempo, pero con ayuda de todos podemos seguir adelante sirviendo en todo lo que necesita Shikry Gama.

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