Valores

Valores

La moral es todo el conjunto de valores y de acciones que contribuyen a la armonización de la actitud pensante del ser humano con su mundo. Es una necesidad creada por el ser humano para contrarrestar las naturales fuerrzas destructoras del instinto humano.

Practicar los valores morales permite el desarrollo de las actitudes, virtudes y habilidades que ajustan la conducta y la convivencia entre los seres humanos, como ofrenda de amor a su Dios. Permite realizarnos nuestras aspiraciones como persona en primer lugar, y conforme más personas vayan desarrollando estos valores, se beneficiará la sociedad, disminuyendo el resentimiento y el odio que corroe la armonía y el orden social.

La personalidad en el ser humano es como un edificio que vamos a ir construyendo según sea la experiencia de la vida y que va a ir creciendo poco a poco a alturas inimaginables. Y al igual que los edificios cuanto más alta va a ser una construcción, más profundas deben ser sus bases para poder equilibrar las fuerzas gravitacionales y todo lo que son los principios de la física.

Así en la formación de la personalidad cuanto más aspiramos al desarrollo del intelecto y de la personalidad de un ser, necesitamos preestablecer raíces psicomorales más profundas. Este es un secreto que responde a la ley de la causalidad universal.

La personalidad que no tiene raíces profundas no soportará ningún enfrentamiento en sus relaciones con el mundo. Cualquier ventisca, cualquier conflicto, cualquier obstáculo tumbará su estructura, se derrumbará moral, personalmente y quedará en la nada.

Se debe enseñar los valores en los primeros siete años de vida en la familia y ratificarse en las escuelas.

La moral al igual que cualquier estructura responde a las mismas leyes universales y no hay nada que pueda alterar este orden universal. La primera de las raíces que nosotros necesitamos sembrar en el ser humano, es la filialidad.

¿Qué es la Filialidad?  La filialidad es el conjunto de normas y deberes, de los hijos para con los padres. Los deberes son: amor, respeto, y obediencia.

Hemos notado que en la sociedad actual la filialidad ha desaparecido. El ser humano en todos los confines de la tierra, anda reclamando derechos. La exigencia de los derechos, sin su racionalización adecuada solamente prodigará fracasos en la naturaleza del hombre.

Efectivamente, en el más elemental de las reflexiones y de los raciocinios, encontramos que los derechos solo pueden existir en la medida en que los deberes se cumplan.

Si no cumplimos deberes, nadie nos va a conceder derechos. Si no cumplimos deberes, nadie nos va a reconocer derechos; es más, la misma naturaleza no nos da derecho de nada.

De ahí que el axioma nuestro: “los derechos son hijos del deber”, constituye la esencia básica de este cambio de actitudes que debemos aprender.

Ya no solamente se habla de los derechos humanos, de los derechos políticos, ya se habla hasta de los derechos del niño, pero en ninguna parte se habla de la declaración de los deberes, no se habla de la enseñanza de los deberes.

El no conocer ni cumplir con nuestros deberes hace del ser humano un inútil, un fracasado porque son justamente el cumplimiento de los deberes que nos dan las cualidades adecuadas para el triunfo.

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